11- Recordando a… Don Juan de la Fuente Remedios


Un tal Lorenzo Edward, meteorólogo y matemático, basado en váyase Usted a saber qué, dijo que el simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo. Cierta o no esta peculiar afirmación, la experiencia de los años vividos me ha enseñado que sí es verdad que ciertos acontecimientos que me han ocurrido y a los que no di importancia en esos momentos han sido transcendentales posteriormente en mi vida. Pienso que eso también les ocurre a los pueblos.

En 1960 los peraleos no podían pensar que iba a tener transcendencia para muchos de ellos el que en ese verano apareciera en su pueblo un curilla recién salido del horno del seminario que venía a ayudar al párroco, quién cargado de años y de achaques propios de la edad (padecía de asma) necesitaba de apoyo. Así lo entendió el Sr. Obispo de la diócesis, D. Juan Pedro Zarranz, quien tuvo a bien enviar a D. Juan, que éste fue el curilla que llegó a Peraleda en aquel verano de 1960, para que, como Coadjutor, fuera el apoyo de D. Marcelino y para que junto a él y con él laborara en la viña del Señor, que era la parroquia Santiago Apóstol de Peraleda. Y vaya que si laboró, pues muy pronto los feligreses de la parroquia y los peraleos en general empezaron a apercibir que este curilla, o el cura soltero, que así lo llamaban algunos, tenía una nueva forma de hacer apostolado.

Este era un curita que hacía notar su presencia fuera de la sacristía tanto como en ella, pues se implicaba no solo en el ámbito de lo religioso, sino también en el campo cultural, educativo y social; en fin, que no era un cura de los de misa y olla.

Recuerdo cierto día en que al asistir a la misa dominical nos sorprendió el desfile de los niños de catequesis, que entraban en fila, muy ordenaditos, portando banderines en los que aparecía dibujados lobos, panteras y otros animales. Era el resultado de organizar a los niños al modo de los “Boy Scouts”. Sabido es que esta parafernalia de banderas es muy del gusto de los niños, que así se sentían más motivados para asistir a la catequesis.

Las asociaciones de la parroquia también se vieron impulsadas por el celo de este nuevo curilla que había sabido ganarse la confianza de su párroco, el cual le dejaba hacer y organizar la parroquia a sabiendas de que lo que hiciese mejoraría su funcionamiento.

La Hijas de María era la única asociación juvenil con la que contaba la parroquia y como su nombre indica era una asociación femenina. Esta asociación celebraba tradicionalmente el mes de mayo como era costumbre por aquel entonces; todas las parroquias y todos los colegios celebraban lo que se conocía como ”Las Flores” . En los colegios era preceptivo que durante todo el mes de mayo los niños al terminar la sesión de la tarde se rezara unas avemaría y se leyese una lectura (había una para cada día del mes ) en la que se relataba algún milagro realizado por la intervención de la Virgen. En las parroquias se rezaba el rosario y a continuación se leía la lectura correspondiente al día en la que se exponía algún suceso en que de alguna u otra manera se hubiese manifestado la intervención de la Virgen. Terminaba el mes con una ofrenda floral a la Inmaculada en la que las niñas al depositar el ramo de flores recitaban algunos versos dedicados a la Virgen. Don Juan consiguió implicar a las familias de las niñas oferentes, lo que hacía que la Iglesia se llenara de feligreses resultando el acto más solemne.

Pronto vio que los jóvenes varones pasaban los anocheceres sentados en la Pilata, holgazaneando, aburridos; no tenían ninguna asociación que cuidara su formación, ni de su tiempo de ocio. Pensando en ellos, buscó la colaboración de los maestros para crear un club juvenil en el que los muchachos pudieran reunirse a charlar y pasar el rato. Al carecer la parroquia de salones parroquiales, arrendó una casa para sede del Club Juvenil. Los jóvenes acudían por las tardes al terminar el trabajo, charlaban, se entretenían jugando a los varios juegos de mesa que la parroquia les había comprado y algunos días recibían charlas formativas, no solo religiosas, sino culturales y de actualidad.

Dos maestros, ex seminaristas que habían coincidido en el seminario de Plasencia con D. Juan, colaboraron con él en este Club Juvenil. Estos se encargaron de las charlas mediante las cuales se intentaba llevar a los jóvenes los conocimientos que ampliaran su cultura. Éstos elegían con total libertad un tema de su interés con antelación y el maestro a la semana siguiente les hablaba sobre el tema elegido. Tras la charla se mantenía un coloquio animado, que a veces había que alargar durante varios días, en el que se analizaba minuciosamente el tema para ver las posibles consecuencias que para la sociedad y para ellos mismos pudieran derivarse de lo tratado. La atención religiosa corría a cargo de D. Juan.

Recuerdo un día del Domund en el que a alguien se le ocurrió la idea de hacer una cabalgata para sensibilizar al pueblo. De una manera improvisada más tarde aparecieron niños, y jóvenes vestidos de negritos, de indios, de musulmanes, de hindúes, que portaban sus flechas, arcos, cimitarras y organizaron un desfile por las calles cantando unas canciones en un idioma ininteligible, que más tarde me dijeron que eran canciones indias que se cantaban en los campamentos americanos de la organización juvenil internacional YMCA. El desfile despertó en los peraleos su interés por las misiones, que ese año se hacían visible para ellos.

Todavía algunas personas, ya mayores, que pertenecieron a aquellos grupos dejan sentir su presencia en la vida parroquial y en la vida social de nuestro pueblo.

Matrimonios jóvenes fue otro de los grupos abandonados en la parroquia y que también merecieron la preocupación de D. Juan. Creó para ellos en la parroquia el “Apostolado Familiar” dentro de una organización nacional que existía. Esta organización nacional mandaba guiones para las reuniones quincenales que se celebraban en el domicilio de algún matrimonio del grupo, rotando entre ellos.

En esas reuniones se leía un pasaje del Evangelio, se le comentaba siguiendo las indicaciones del guión que mandaba la nacional y después se veía qué aplicación práctica en la vida individual o en la vida municipal podía hacerse.

Todos estos aires renovadores lo hizo compatible con un escrupuloso respeto hacia los mayores. Había en la parroquia tres asociaciones de mujeres, generalmente mayores: la Asociación de la Virgen del Carmen, la del Corazón de Jesús y la de la Sagrada Familia; cada una de ellas con sus capillitas que llevaban por las casas de las asociadas y con sus escapularios que lucían en el día de su fiesta y en los entierros de sus asociadas. Respetó estas asociaciones dejándolas con sus costumbres sus ritos sin querer cambiar nada en ellas. “A ellas les sirve esta manera sencilla de entender la religión, no confundámoslas con nuevas visiones que no entenderían y solo servirían para confundirlas más”, me confesaba una vez.

Cuando los aires del Concilio Vaticano II barrieron las iglesias llevándose las antiguas costumbres, el latín de las misas y la sotana de los curas, me llamó la atención que nuestro D. Juan siguiera con su sotana aparentando un estancamiento en los usos y costumbres anteriores al Concilio que no se adecuaba a su comportamiento. Esto me llevó a comentarlo un día con él. No puedo quitarme la sotana, me dijo. D. Marcelino no se la quita. Para él cambiar la forma de vestir después de tantos años se le hace difícil. Se sentiría extraño. Yo debo estar en sintonía con él. Cuando en octubre de 1970 moría D. Marcelino, nuestro D. Juan se quitó la sotana y hasta ahora. Gestos como éste nos da a conocer su verdadera personalidad.

Junto a lo espiritual, propio de su ministerio, se preocupó de lo material en la parroquia; entre otras cosas transformó las cuadras anexas a la casa parroquial en cochera, picó la sacristía para deja la piedra a la vista, compró altavoces para el templo, etc.

En lo cultural colaboró con la escuela desinteresadamente (era hijo se maestro). Por aquella época se suprimieron las vacaciones de la tarde de los jueves trasladándose a la tarde de los sábados, quedando las mañanas de los sábados para actividades extraescolares. Él se ofreció a dar clase de música a los niños. A algunos se les despertó el gusto por la música y le pidieron clases particulares de música e hicieron con él algunos años de Solfeo y Guitarra, examinándose en el Conservatorio de Cáceres. Aún queda uno de aquellos niños que completa sus ingresos dando conciertos con un grupo musical. Para éste sí fue trascendental la llegada de aquel curilla a Peraleda en el verano de 1960.

La Escuela disponía en aquellos años de un Proyector Enosa y el Ministerio disponía de una filmoteca que estaba a disposición de los maestros, los que con arreglo a un catálogo podían solicitar de sus fondos historias, fábulas, lecciones varias, con la obligación de su devolución una vez pasada una semana desde su adquisición. Nuestros maestros para hacer más amenas las proyecciones idearon la forma de hacerlas sonoras. Para ello necesitaban la colaboración de D. Juan, que disponía de un magnetófono. Veíamos previamente la proyección, poníamos voz a los personajes, lo grabábamos con la proyección y transformábamos en una especie de cine sonoro lo que solo eran unas filminas. Ni que decir tiene que a veces la ayuda de D. Juan iba más allá de prestar “el magnetofón”, y colaboraba en poner voz a algún personaje.

Sé de un niño que por vivir en el campo -su padre era guarda en una dehesa- no podía asistir de una manera regular a la escuela. D. Juan procuraba remediar esta falta de asistencia dándole clases particulares en los días en que, por quedar libre el borriquillo que sus padres tenían en casa, acudía Cele, que así se llamaba el niño, a sus clases con D. Juan. Más tarde este niño ingresaría en el Aspirantado que los Hijos de la Sagrada Familia tienen en Valencia. ¿Tendría algo que ver en esta vocación D. Juan? Creo que sí.

Este Celedonio enfermó de cáncer y volvió a Peraleda para morir junto a su familia. Su enfermedad la llevó con resignación ejemplar. D. Juan le visitaba con frecuencia, le llevaba la Comunión y charlaba con él haciéndole más llevadero su dolor. Oí decir al Médico que le asistía, D. Agustín Barrena, que no se explicaba cómo era posible que a pesar de los dolores que debía tener, nunca se quejara y siempre mantuviera un carácter alegre y una palabra amable cuando lo visitaba. Verdaderamente este muchacho es un santo, me decía.

Antes de morir, con solo 17 años, el Padre Provincial de su Congregación se trasladó a Peraleda y ante él, Celedonio profesó y tomó el hábito muriendo así como un verdadero Hijo de la Sagrada Familia.

Una vez fallecido, entre sus cosas se encontró un diario. En ese diario hay una línea que transcribo literalmente: “Aquel profundo respeto que yo sentía cuando era niño hacia un sacerdote” y este sacerdote no puede ser otro que D. Juan. Y no es descaminado pensar que esa admiración hacia un sacerdote fue el origen de su vocación.

La Congregación al tener conocimiento del diario y basándose en él, escribió una biografía de Celedonio con el título de “Escalada contra reloj” en la que se ponía de manifiesto la grandeza espiritual de este adolescente y le presentaba como un modelo a imitar no solo para los aspirantes de su congregación sino para los jóvenes en general. En la página 26 puede leerse “ ‘me gustaría ser como D. Juan’, concluyó

Ni que decir tiene que para Celedonio también fue transcendental la llegada de aquel curilla a Peraleda en aquel verano de 1960.

En aquellos años los Institutos de Enseñanza Media más cercanos eran el Gabriel y Galán de Plasencia y el Brocense de Cáceres. Esto hacía casi imposible el poder estudiar el bachillerato. De hecho solo los hijos del médico estudiaban. Don Juan y los dos maestros, compañeros del seminario (luego entrarían los restantes maestros del pueblo) abrieron una Academia donde impartían Bachillerato y Magisterio. Estudiaban como libres aquí y se examinaban en Cáceres. Fueron muchos los jóvenes que tuvieron acceso por primera vez a los estudios de Enseñanza Media. Que ello contribuyó a mejorar el nivel cultural del pueblo no hay ninguna duda.

Un nutrido grupo de maestros lo son hoy gracias a esta Academia. Uno de estos maestros, D. Antonio Domínguez , tuvo la ocurrencia un verano de celebrar un congreso de enseñantes peraleos, idea muy bien acogida hasta el punto que fueron varios los veranos seguidos en que se siguieron celebrando los congresos. Los congresos estaban abiertos no solo para los nacidos en Peraleda, también para los enseñantes casados con peraleas y no solo para maestros, también para profesores de Instituto; en ellos nos reuníamos para tratar problemas relacionados con nuestra profesión, novedades pedagógicas, etc. Terminado el acto nos reuníamos para una comida que ayudaba a conocernos y a estrechar lazos de amistad.

En una de estas reuniones, alguien tomó la palabra para decir que si hoy eran maestros lo era gracias a la Academia que D. Juan, D. Luis y D. Eusebio habían montado en el pueblo. En aquellos tiempos por causa económicas ninguno de ellos podría haber estudiado. También para estos maestros fue trascendental la llegada de aquel curilla a Peraleda en aquel verano de 1960.

Pronto los peraleos fueron descubriendo el espíritu irónico, zumbón y gracejo de su curilla que siempre en la conversación tenía una salida ocurrente que les hacía sonreír. Esto fue haciendo que la gente le sintiera más cercano, más de los suyos.

Cuando unos agricultores pensaron formar uno de aquellos Grupos Sindicales a los que el Ministerio de Agricultura proporcionaba maquinaria agrícola, cuyo importe en parte era subvencionado y la otra parte dado con bajos intereses, a fin de que fuese usada mancomunadamente, pensaron que era su cura el que debía administrar esa mancomunidad, pues en él confiaban plenamente. También para estos agricultores fue trascendental la llegada de aquel curilla a Peraleda en aquel verano de 1960.

Posteriormente el Instituto Nacional de Colonización trasformó unas 1500 Ha. de secano en regadío, y el Servicio de Extensión Agraria dio unos cursillos a los nuevos colonos, en su mayoría obreros a los que había que convertir en agricultores y a los que aconsejaron hiciesen una Cooperativa Agraria. Ni que decir tiene que en seguida pensaron en su curita para su presidente. Esta vez no les fue fácil pues el servicio de Cooperativas denegó la propuesta basándose en que no era ni agricultor, ni propietario por lo que no podía pertenecer a la cooperativa y mucho menos ser su presidente. Esto no les amilanó y buscaron un medio de burlar la legislación; eligieron un presidente, acordando todos que solo sería nominal, al que le pondrían un administrativo, D. Juan, quién en la práctica sería el presidente. Estuvieron acertados pues las enormes dificultades administrativas, y sobre todo económicas, que fueron necesario superar para poner en funcionamiento la cooperativa, no hubiese sido posible sin D. Juan. De todos es sabido que en los momentos de apuros para hacer frente a letras de abonos, piensos u otros gastos, el dinero de D. Juan resolvía el problema.

Cuando el Obispo de la Diócesis quiso llevarlo a Navalmoral, el pueblo sintió que algo suyo le quitaban. Hubo una recogida de firmas y una representación del mismo se presentó en Plasencia para rogar al Sr. Obispo que no les quitasen a su curilla. El Sr, Obispo les dijo que agradecía el aprecio en que tenían a D. Juan pero que él debía administrar la Diócesis y que le necesitaba ahora en Navalmoral. La cooperativa (estaba enterado el Sr. Obispo de todo) debía aprender ya a andar sola.

A pesar de su traslado en 1980, no terminó la relación de D. Juan con Peraleda. Me consta que algunos peraleos cuando pasaban por esas malas rachas con que la vida nos sacude a veces acudían a buscar el consejo de D. Juan.

Siempre que algún peraleo se encontraba con él en Navalmoral, sabiendo que me unía una gran amistad a él, me decía al verme “he visto a D. Juan”, y en ese tono que empleaban notaba el amor y respeto que despertaba en ellos. Aun hoy en día después de tantos años pasados y que ya jubilado abandonara Navalmoral, son muchos los que de vez en cuando me preguntan si sé algo de D. Juan.

Cuando se viene de Guadalupe al entrar en Peraleda se ven unos silos de aluminio, altos que dan un aspecto de pueblo industrial. Es el edificio de la Cooperativa Campana de la Mata que D. Juan ayudó a levantar y que hoy mantiene cinco puestos de trabajo- Para estas personas también fue trascendental la llegada de aquel curilla a Peraleda en aquel verano de 1960.

Hoy, que alejado de sus responsabilidades disfruta del descanso merecido junto a sus hermanos y sobrinos, le ofrecemos el homenaje de estos recuerdos que sin duda le harán rememorar aquellos fecundos años de su vida.

Peraleda de la Mata, 7 de julio de 2021

E. Castaño

2 comentarios en “11- Recordando a… Don Juan de la Fuente Remedios

  1. Hola a todos. Yo no soy «peraleo» de nacimiento, y solo estuve «adoptado» durante siete años. En esos tiempos Don Juan estaba en Navalmoral y siempre fue una «silla» en el camino para descansar. Una «mesa» donde poder hablar, llorar, reir, planear, … un «hermano» estre todos los hermanos.
    Después de bastantes años y sin tener contacto con don Juan, me une a este homenaje de «un curilla de pueblo» que supo generar unidad, amistad, fraternidad, … y lo más importante una honda experiencia de Dios en el corazón de Peraleda de la Mata. Un fuerte abrazo, primero para Don Juan, después para Don Eusebio, y por último a Raices de Peraleda que tanto está haciendo de bien para todos.

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  2. Qué alegría leer algo de D. Juan…yo fuí monaguillo con él en los años 70, además de asistir a catequesis, y tengo muy buenos recuerdos de Don Juan y por supuesto de todo lo que rodeaba mi estancia en Peraleda…Don Aresio, Don Antonio el maestro, y por supuesto de mis recordados y queridos Don Eusebio y Doña Juli, tal es así que cada vez que puedo escaparme y dejar la autovía para visitar Peraleda de nuevo, junto con estas publicaciones de D. Eusebio, vuelvo a revivir momentos de mi infancia, que ya van quedando lejos…toda mi gratitud para ellos.

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