8- Recordando a…… Lucio García


alcalde Lucio García

Si hay un Alcalde que haya dejado huellas en la historia de nuestro pueblo, éste es sin duda el Alcalde Lucio García. Su memoria permanece en aquellos que le conocimos, y los que no llegaron a conocerle igualmente conocen las obras materiales que nos legó. Vamos a hablar aquí de su figura, pero para hacerle justicia y comprender mejor sus méritos tenemos que entender el momento en que le tocó ejercer de alcalde, en una dictadura en plena posguerra con una economía devastada y un pueblo casi carente de las infraestructuras más básicas. Los momentos extraordinarios necesitan de gente extraordinaria, y en Peraleda lo tuvimos.

Lucio García y García fue uno de esos personajes que, aunque no nacido aquí, merece ser considerado peraleo por todo lo que hizo por Peraleda y por haber transcurrido la mayor parte de su vida entre nosotros. Nació en Valdeverdeja, provincia de Toledo, el 25 de febrero de 1899; hijo de Nicolás y Engracia, de un parto doble. Vivieron los dos hermanos, cuyo parecido era tan asombroso que al decir de los que les conocieron eran difíciles de distinguir el uno del otro, dando pie a multitud de anécdotas. Según él contó alguna vez a sus amigos, durante el servicio militar más de una vez al ser castigado alguno de ellos, cumplían el arresto a ratos uno y a ratos el otro, pues a los cabos y sargentos les era dificilísimo distinguir quién era quién.

Lucio Gª frente al ayuntamiento

Contaban que en cierta ocasión un peraleo se encontró en Madrid con su hermano gemelo que iba con su señora. Como el peraleo se acercara a saludarle y el otro manifestó que no lo conocía de nada, el peraleo dijo: “no se preocupe vd. Sr. Lucio, que yo no diré nada a la Señora Sergia“. El hermano al oír que lo llamaba Lucio comprendió la confusión del peraleo y le contestó: “y más te vale que calles y no digas nada“. Ni que decir tiene que llamó al hermano y le contó lo ocurrido y que éste intentó averiguar quién era el peraleo que había ido a Madrid por aquellos días.

Yo mismo, que desconocía la existencia del hermano gemelo, puedo contar que en el año en que murió (20 de marzo de l960) me encontraba como maestro en un pueblecito de la provincia de Toledo, Caleruela. Con motivo de la fiesta de San José vine al pueblo y alguien comentó que el Sr. Alcalde se estaba muriendo. Yo les dije que era imposible porque acababa de cruzarme con él en la calle. Me aclararon entonces que tenía un hermano gemelo y que tal vez era ese al que yo había visto.

Lucio llegó a Peraleda en el 1914 aproximadamente para trabajar como dependiente en la tienda de tejidos de Domingo Camacho Morgado. Este establecimiento estaba situado en la antigua Calle del Comercio, hoy Évora la Carpetana, donde actualmente está el Estanco que lleva su bisnieta M. Angeles Camacho. Tenía pues unos 15 años nada más. Quien lo trajo aquí fue el suegro de Domingo, Pantaleón Vargas, que era originario de Berrocalejo, al lado de Valdeverdeja, y por algún motivo conocía a Lucio o a sus padres. El caso es que en la tienda de Domingo necesitaban un mozo y Pantaleón le propuso a los padres de Lucio que se fuera con él a Peraleda a trabajar en la tienda de su hija, y así es como el chaval se vino a Peraleda sin sospechar que nunca ya se iría de aquí.

Sergia Camacho

Siendo aún adolescente, no es de extrañar que terminara casándose con una peralea, Sergia Camacho, sobrina del jefe. Este matrimonio no tuvo descendencia, por lo que acogieron como hija a una sobrina de su mujer, también llamada Sergia Camacho, y fue el marido de ésta, Andrés Gómez Martín, quién luego le sustituiría en la Alcaldía.

Se afilió a Falange Española, el partido que fundara José Antonio Primo de Rivera, fascinado por la doctrina social y patriótica, que era la señal de identidad de este partido y que José Antonio supo envolver en un lenguaje poético que encandilara a muchos jóvenes, entre ellos a Lucio.

La influencia de este estilo falangista se hace notar en algunos rótulos y escritos de Lucio García. En el monumento a los Caídos se podía antes leer junto a la lista de los caídos lo siguiente: “Los que disteis generosamente vuestras vidas para lograr la España una y grande, los que bordasteis con sangre cinco flechas en la camisa azul de la Falange, vuestras vidas y vuestra sangre, vuestro recuerdo guiará a la juventud española en los signos de Dios y de Franco”.

El 29 de julio de 1936, once días después del inicio de la Guerra Civil, entran en Peraleda los republicanos, profanando el templo, quemando las imágenes y destrozando ornamentos y vasos sagrados. Esta situación explicará parte de las actuaciones posteriores de este alcalde. Pero los destrozos no quedaron ahí, pues hubo varios choques aquí entre nacionales y republicanos, incluida la famosa “Batalla de Peraleda”, que dejó más de 300 muertos de ambos bandos y por ambas partes se sembró al pueblo de muerte y destrucción. El choque de fuerzas duró poco tiempo, no obstante. Pronto Peraleda fue definitivamente tomada por las tropas del Comandante Castejón, y el resto de la Guerra, que tan duramente nos azotó al principio, pudo vivirse en relativa paz. Una de las primeras actuaciones de los nacionales será constituir un nuevo Ayuntamiento, de modo que nombraron una comisión gestora temporal.

De estos momentos de la refriega tenemos una anécdota. Durante la Guerra fueron los republicanos a su casa a buscarle. Había allí por entonces un palomar en el patio de entrada y ahí arriba se escondió. Los soldados entraron en el patio y apuntaron a Sergia con su fusil por la ventana. Estaban también en la casa su cuñada Florentina y sus tres sobrinas. Las ordenaron salir a todas al patio, incluidas las tres niñas, y las pusieron en fila contra la pared. Mientras las apuntaban con el fusil notaron que Sergia llevaba en brazos una hoja de calendario donde estaba la Virgen de los Desamparados, pues la tenía mucha devoción y buscaba su protección. Le preguntaron si creía en esas tonterías y Sergia, poniendo su fe por encima de su seguridad, afirmó que sí. En ese mismo instante sonó una detonación en las calles. Era una bomba que cayó en la plaza; los nacionales habían entrado en el pueblo. Eso hizo que los soldados salieran corriendo y quedaran a salvo Sergia, Lucio y las demás. Desde entonces Lucio García atribuyó siempre a la Virgen de los Desamparados que lo salvara de la muerte, y mandó poner un cuadro de azulejos de esta Virgen en la pared donde estaba el palomar, y allí se encuentra todavía a día de hoy. También conserva aún la familia esa hoja del calendario. Del mismo modo cuando construyera el cementerio nuevo lo dedicaría a esa advocación mariana, y así sigue.

Virgen de los Desamparados bajo el antiguo palomar, en el patio de Sergia

Muy a finales de 1936, a los 37 años, es cuando Lucio García llega a la alcaldía, encontrándose un ayuntamiento, según sus propias palabras, “con una economía en plena bancarrota, con una moral relajada y con el principio de Autoridad completamente deshecho”. Se tomó muy en serio su oficio de Alcalde. Recuerdo, cuando yo era pequeño, ver pasar todas las mañanas por mi puerta a un municipal (sereno lo llamábamos nosotros) con su uniforme y su cachiporra bajo el brazo, que iba a por el Alcalde. A la vuelta caminaba unos pasos detrás de él. Hoy nos parecería absurdo tal proceder, pero por aquél entonces era un signo de respeto.

Actuaba, también es verdad, como un pequeño dictador. Era de esos, como decía la gente, de ordeno y mando. Me contaba un maestro de aquellos tiempos que un día se presentó en la escuela, dio una vuelta por el aula y sin decir nada se marchó. A los tres días se presentó un municipal con una caja en la que venía un reloj de pared para el aula.

La verdad era que tenía ”autoritas”, no solo autoridad. Era respetado por todas las autoridades locales. Sacerdotes, maestros, médicos, guardias civiles sentían ante él un respeto, como si estuvieran ante un Ministro. Para él, el principio de autoridad era sinónimo de orden, de aquí su empeño en que le respetasen no sólo a él, sino a todos los funcionarios. Hizo a los guardas rurales y a los serenos (policías municipales) un vistoso uniforme, y quería que se les respetase como autoridad que eran. Hablando del principio de autoridad, dice en la memoria que hiciera de su gestión en enero de 1941: “Te recogí cuando estabas en el suelo, y en elevarte y mantenerte puse mi mayor empeño y toda mi voluntad, porque sabía que en el orden de la vida tú lo eres todo, y sin ti no hay nada”. Más adelante insiste, hablando del mismo principio: “Mantente así en alto por toda la vida, principio de autoridad ¡que nadie te ultraje ni pueda mancharte! Porque tú lo eres todo y sin ti no hay nada.”

En uno de los puntos de la Falange se decía “Queremos que el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra historia, sea respetado y amparado como se merece”. Lucio García, como buen falangista y fiel a esta proclama se preocupó de adecentar el destrozado templo y de reponer, bancos e imágenes y todo lo necesario para que el culto volviese a celebrarse dignamente después de los destrozos de la Guerra. Los métodos que para ello utilizara no fueron muy ortodoxos: que unos jóvenes habían hecho alguna gamberrada, multa al canto; que habían desobedecido a algún municipal, multa al canto. Y con este importe iba reponiendo los bancos de la Iglesia. Un amigo me decía con cierto aire socarrón, “creo que la mitad de estos bancos son míos”.

Tenía un alto sentido de la justicia. Cierto día se enteró de que a unas mozas que iban a trabajar a las Cuestas de Torreseca a la recogida del pimiento les habían pagado menos de lo que era el salario oficial, y llamándolas les multó por no haber denunciado al patrón. La multa fue la misma cantidad que habían dejado de cobrar. Con el importe de esta multa pagó la mitad de la imagen de Santiago Apóstol, titular de nuestra parroquia y que aún hoy preside nuestro altar mayor, siendo el resto sufragado por suscripción popular. Cierto día que contaba yo este suceso en la fragua me dijo una señora que estaba presente, “yo, yo fui una de esas mozas multadas.

A pesar de esta manera de ser autoritaria, en el pueblo dejó muy buen recuerdo, pues su labor fue muy positiva. Aun hoy, los mejores edificios públicos del pueblo fueron levantados durante su mandato. Estos edificios de gran belleza, todos en piedra, según me han dicho fueron diseñados por él mismo.

Su fama saltó del pueblo a la provincia, que le consideró uno de sus mejores alcaldes. Gozaba de una buena amistad con el Sr. Gobernador Provincial. No es de extrañar que, con este valedor, terminara llegando a la Diputación Provincial, siendo Diputado de la misma.

He encontrado entre mis papeles la memoria antes referida en la que cuenta la situación en que estaba el Ayuntamiento cuando se hizo cargo y la labor realizada por él en esos años. Según esta memoria hecha al cierre del ejercicio a 31 de diciembre de 1936, se encontró al entrar en la Alcaldía con una deuda de CIENTO NOVENTA Y UN MIL, CIENTO NOVENTA Y OCHO PESETAS CON CUARENTA CÉNTIMOS (191.198’40). Copio literalmente: “Había deudas de tal naturaleza, que a la Diputación provincial se la debía 15.408,90 pts, a la Mancomunidad Sanitaria 34.401,50 pts y a Hidroeléctrica de la Vera por el alumbrado público 23.255 pts”. No cobraban los funcionarios ni empleados. A pesar de este panorama al finalizar el 1940 supo cerrar el ejercicio con un superávit de 42.839,70 pts. Para que se hagan una idea de lo que eso suponía, en aquel año un maestro de escuela ganaba 250 pts al mes, así que la deuda del Ayuntamiento superaba a lo que un maestro podía ganar durante toda su vida y jubilación, algo así como un millón y medio de euros actuales, y en una época de escasez y penuria en donde una cantidad así era toda una fortuna. Sorprende también en esa memoria su declaración de que la economía de Peraleda ya se había recuperado y estaba otra vez en buenas condiciones.

Que fue honrado no me cabe la menor duda. Sé con certeza que la viuda pasó apuros económicos en sus últimos días. Tenía en su despacho un cartel que junto con el cargo decía: “Nunca acabes tu carrera política más rico de lo que la empezaste”, cartel que heredó su sucesor, Andrés Gómez. En la memoria citada relaciona las multas puestas con los nombres de los multados, la cuantía de la misma y por lo que fueron multados. Es interesantísimo esta relación para llegar a conocer el alto sentido de justicia de Lucio; aparecen aquí multados varios de sus amigos, anteponiendo el sentido de justicia al de la amistad.

Multó a cierta señora por una gamberrada de su hijo y ésta al llevarle la multa le dijo que no volvería nunca a comprar en su comercio (su señora tenía un pequeño comercio de tejidos). La respuesta de Lucio fue: “tú paga la multa y luego si no quieres comprar más a Sergia vas y se lo dices a ella”.

También es interesante el motivo de las multas. La mayoría son por desobedecer a los Guardas rurales o a los municipales (serenos), por blasfemar, por no cerrar las tabernas a su hora; las hay por no dar al pan el peso debido, por venta de paja a precio abusivo, por venta de leche adulterada y por no respetar el descanso dominical, el cual por ley había de ser cumplido (lejos estaban aún los tiempos de la separación de Iglesia y Estado).

Había un sastre al que le sorprendió un municipal planchando el domingo y le multó. Igualmente había un señor, viudo y con varias hijas que trabajaba de cartero para los Duques de Peñaranda; iba todos los días del Guadalperal a Navalmoral al mercado a comprar para la cocina del Señor Duque y de paso recogía aquí el correo. Cierto domingo le vio el municipal barriendo la puerta de la calle y le multó. Los muchachos canturreábamos: “Don Tomás, Don Tomás, le sacaron cinco duros por planchar. Juan Marqués, Juan Marqués le sacaron cinco duros por barrer.

Añadiré también otra anécdota contada por Javi Arias con sus mismas palabras. D. Lucio se apellidaba García y García. Este apellido es muy habitual en España, pero no lo es tanto que sea por partida doble. Pues bien, siendo alcalde don Lucio nació en Peraleda un niño cuyos apellidos eran curiosamente los mismos: García García. Cuando la madre del recién nacido fue al ayuntamiento a inscribirle en el Registro Civil dio la causalidad de que el alcalde estaba allí y al preguntar a la madre por el nombre elegido para la criatura la buena mujer dijo que Tal (vamos a omitir su nombre por prudencia). D. Lucio le dijo que de ninguna manera, que el niño tenía que llamarse como él: Lucio (quizá al no haber tenido hijos le hiciera ilusión que alguien en el pueblo se llamase exactamente igual que él). La madre dijo que no, que ese nombre no le gustaba y que no le iba a llamar así y ambos iniciaron una discusión. A tal punto llegó el debate, que la salomónica solución a la que llegaron fue que el crío llevase ambos nombres: primero el del alcalde y después el elegido por la madre. Esta persona sigue viviendo a día de hoy en Peraleda y, aunque nadie le conoce como Lucio, en su D.N.I. sigue llevando el nombre de aquel recordado alcalde.

Ya he dicho que era autoritario, no soportaba que le llevaran la contraria. Solo hubo una institución que le plantó cara. Fue la Hermandad Del Descendimiento. Lucio compró una imagen, Nuestra Señora de la Soledad, pero la Hermandad no le permitió que la llevara a la ermita del Cristo ni que procesionara, por lo que él la dejó en la Iglesia, donde aún está. La Hermandad siguió procesionando su Dolorosa, de menos belleza que la de Lucio pero de más antigüedad y valor. Fueron ellos los únicos que no se doblegaron ante este Alcalde.

Esta Hermandad religiosa se gobierna por un Cabildo formado por todos aquellos que han sido Hermanos Mayores; a su vez estos no pueden ser Hermanos Mayores si antes no ha sido diputados. Llamamos diputados a los hermanos que en número de cuatro matrimonios se encargan cada año de organizar la Semana Santa dirigidos por un Hermano Mayor, que es quien los elige. Pues bien, manifestó Lucio el deseo de ser Hermano Mayor y el Cabildo le dijo que no podía, que antes debía ser diputado.  ¿Cómo iba ser un simple diputado y estar bajo el mando de un Hermano Mayor? Se enfadó con la Hermandad y a partir de entonces cuando llegaba Semana Santa desaparecía del pueblo; se iba a una dehesa que la familia de su mujer tenía en Torviscoso y no volvía hasta el Lunes de Pascua.

Esa era la versión pública del conflicto. La familia, sin embargo, nos da otra versión muy diferente. Según ellos Lucio quiso entrar en la diputación, pero era su mujer, la que no quería. El hermano de Sergia, llamado Domingo Camacho Camacho, era ese año hermano mayor, así que ella le pidió que dijera a Lucio que no podían entrar en la diputación porque ya estaban los cuatro matrimonios completos. Fuera por enfado, despecho o pena, el caso es que ahí le tomó alergia a la Semana Santa del pueblo y por eso todos los años la pasaba fuera.

Todos sus abusos de autoridad, que diríamos hoy en día, se los perdonó Peraleda por la cantidad de obras positivas que para el pueblo realizó. Hemos aludido ya al hecho de que se preocupó por arreglar los desperfectos del templo. A la subida de la tribuna, en el templo, en una lápida en cerámica talaverana podíamos leer: “En el año 1936 esta iglesia fue profanada y quemadas todas las imágenes de este templo por la horda salvaje, propagadora del comunismo. En el año 1941 se restauró por iniciativa del Sr. Alcalde D. Lucio García y García y por cuenta del Ayuntamiento de esta villa. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo .“ Lógicamente esta placa, como casi todas las otras, ya no está.

Una de las primeras obras llevadas a cabo por Lucio consistió en pavimentar las calles principales, hasta entonces sólo con rollos, que fueron sustituidos por losas de granito o, como decíamos aquí, “lanchas”, así como la construcción de la Casa del Guarda y el corral en la Dehesa Nueva.

En 1940 construye el monumento a los Caídos. Una gran cruz en granito, y la enseña de Falange, el yugo y las flechas de gran tamaño, apoyada en la pared Norte de la fachada del templo parroquial y dos cuadros de cerámica talaverana, uno a cada lado, en los que iba en uno la relación de los caídos y en el otro la leyenda ya citada. La cruz permanece, aunque el yugo y las flechas se quitó al llegar la Transición, y los paneles de cerámica se sustituyeron por otros más acordes con los nuevos tiempos pero aún permanecen embelleciendo la plaza y recordando a todos los caídos del pueblo de ambos bandos.

En 1942, aprovechando el manantial que había en el sitio llamado El Corchuelo, sustituye las pequeñas pilas por los pilones actuales hechos en granito para abrevaderos del ganado. Construye tres pilones, uno para el ganado caballar y asnar, otro más bajo para cabras y ovejas, y un tercero con lavaderos para que puedan ser utilizados con este fin. Todo según el modelo del que hay en Valdeverdeja. Adorna alrededor con pilastras de granito rematadas en bolas y unos poyos, con lo cual convierte este lugar en un bonito paseo.

En 1944 con los beneficios de la corrida de toros del día del Cristo compró la imagen de la Virgen del Carmen. En una plaquita situada en la peana de la imagen puede leerse: ”Esta imagen se compró por el Sr. Alcalde Lucio García y García con los beneficios obtenidos en una corrida de toros efectuada en la feria del Cristo el año 1944”.

En 1946 se procede a instalar un reloj en el campanario con dos esferas, una en la parte Norte y otra en la parte Sur, para lo que se desmocha la torre y se instala un cuádruple arco donde colocar la campana de reloj, dando a la torre su peculiar aspecto esbelto actual.

Aspecto de la torre original antes de la reforma de Lucio García

En 1948 se inaugura un nuevo cementerio, que lleva anexionado una capilla dedicada a la Virgen de los Desamparados (ya hemos visto por qué) y el depósito para realizar autopsias. En la parte izquierda de la puerta de entrada se puso una lápida en cerámica talaverana en la que se lee: ”Cementerio Nuestra Señora de los Desamparados. Se construyó este cementerio en el año 1948 por cuenta del Municipio y la ayuda del Excm. Sr. Gobernador Civil y aportaciones de los vecinos. Se invirtieron 120.095 Psts con 25 ctm. ―sin incluir el transporte de los materiales que fue por prestaciones personales― El planteamiento y Dirección de las obras corrió a cargo del Alcalde Lucio García“.

Como menciona esa lápida, la forma de trabajar habitual era con una contribución forzosa de todos los vecinos de Peraleda. En unos años de penuria y reconstrucción, el dinero era escaso, y hubiera sido imposible realizar todas las obras públicas que hizo Lucio García con la simple recaudación de impuestos que había. La solución para las grandes obras fue completar los recursos municipales imponiendo güebras (jornadas de trabajo) a todos los vecinos. Pero cada uno contribuía como podía: unos ponían su propio trabajo, otros acarreaban materiales, otros los donaban, y otros, en fin, ponían el equivalente en dinero a esas jornadas laborales. De este modo Peraleda no sólo se reconstruyó, sino que incluso se engrandeció arrimando el hombro entre todos equitativamente, algo que posiblemente no hubiera sido posible sin el gran respeto y liderazgo que generaba este alcalde.

En 1950 se rotulan todas las calles. Los rótulos eran todos iguales con la misma medida y el mismo tipo de letra. Todavía se conservan la mayoría de ellos. En 1951 se remodela la plaza, sustituyendo los soportales de madera del oeste de la plaza por columnas cilíndricas de granito, y añadiendo portales a la parte Este, que no los tenía, de tal manera que la plaza queda rodeada por portales excepto en su parte sur en el que se ubica el templo parroquial, si bien en esta parte la Cruz de los Caídos, en granito también, contribuye y realza la belleza de la plaza. Se remata esta remodelación con una farola en el centro sostenida en una columna también de granito.

En 1952 se construye un nuevo Grupo Escolar, Gabriel y Galán en la Plazuela del Cristo con una portada de una estética admirable. En su porche, en una lápida en cerámica talaverana, se podía leer: “Grupo Escolar Gabriel y Galán. Se construyó este grupo en el año 1952 por cuenta del Ayuntamiento de esta villa, importando las obras DOSCIENTAS CINCUENTA Y SEIS MIL CIENTO DIEZ Y SIETE PESETAS CON VEINTE CÉNTIMOS”.

En 1956 Se intenta rehabilitar el antiguo abastecimiento de agua; para ello se abren unas galerías en forma de aspa en el pozo conocido como La Bomba. Realizada las obras, los Técnicos de la Diputación informaran de que no había caudal suficiente para el abastecimiento por lo que construye una serie de pilas (ni que decir tiene que en granito) alrededor del pozo para que sean utilizadas como lavadero.

En 1958, ante el gran aumento de la población infantil (la actual generación llamada del baby-boom), compra un terreno en el Camino de Berrocalejo para la construcción de un nuevo grupo escolar para cuatro unidades y la construcción de cuatro casas para los maestros, grupo que fue inaugurado al año siguiente. Este nuevo grupo llamado Calasancio, fue construido por la empresa “Construcciones escolares”.

El diseño del mismo, al lado del hermoso Gabriel y Galán era tan feo y antiestético que el pueblo dio en llamarle “La Granja de los pollos”. Años después el Ministerio de Educación hubo de remodelarlo y darle una apariencia nueva, porticando su fachada sur que, por estar formada por grandes ventanales acristalados, era antes un auténtico horno los días de sol en el buen tiempo. [más información sobre las escuelas de Peraleda aquí]

Quedaba así el antiguo cementerio del Cristo rodeado por toda su mitad sur, con el grupo escolar Gabriel y Galán por la izquierda, el grupo Calasancio por la derecha y las casas de los maestros en el medio. Pero para entonces ese cementerio había sido ya trasladado al cementerio nuevo que hemos mencionado, el actual, y su antiguo emplazamiento reconvertido en patio de recreo para los estudiantes, los cuales siguieron llamando a ese lugar, incluso ya sin saber por qué, “el cementerio”.  No muchos años después de la construcción del grupo Calasancio ―que fue usado como escuela de niños, siendo el otro la de niñas― se juntan ambos grupos creando un único colegio mixto que pasará a llamarse, con razón, Colegio Nacional Lucio García como homenaje póstumo a este gran constructor.

Y en esta lista no exhaustiva habría que mencionar otras compras, como el palio de la iglesia, y otras obras menores que fue realizando durante todo su mandato, hasta que la muerte le sorprendió el 22 de marzo del 60, a los 61 años de edad. Su gran valía estuvo no sólo en lo que él por sí mismo hizo, sino más aún, en haber sido capaz de ejercer un liderazgo indiscutible en un momento crítico y haber logrado mover en torno a él al espíritu y esfuerzo de todo un pueblo de modo que, entre todos, levantaron a Peraleda a un nivel incluso más alto que el que tenía antes de la catástrofe. Nos enseñó que todos unidos podemos hacer grandes cosas, y una lección así debería quedar grabada en la memoria de nuestro pueblo para siempre.

Visto lo anterior se comprenderá ahora mejor por qué Peraleda le perdonó todo a este Alcalde, autoritario y un poco dictador, que gobernó Peraleda desde finales de 1936 hasta Marzo de 1960, y por qué lleva el nombre de Avenida Lucio García la entrada principal al pueblo, la antigua carretera.

Peraleda de la Mata a 2 de Abril de 2020

 E. CASTAÑO


ANEXO CRONOLÓGICO
(si no aparece el año es que no conocemos la fecha)

  • 1899- Nacimiento
  • Llega, de mozo, a peraleda
  • 1936 – Es nombrado alcalde
  • Se ponen lanchas en las calles
  • Casa del Guarda y corral en la Dehesa Nueva
  • 1940- Cruz de los Caídos
  • 1940- Imagen de Santiago Apóstol
  • 1941- Bancos de la iglesia, zócalo de madera, palio y otras mejoras
  • 1942- Bebedero de ganado (El Corchuelo)
  • Reforma del interior del ayuntamiento
  • 1944- Virgen del Carmen
  • 1946- Torre nueva y reloj
  • Sagrado Corazón de Jesús
  • 1948- Cementerio nuevo
  • Virgen de la Soledad (Dolorosa de la iglesia)
  • 1950- Rotulación de las calles
  • 1951- Remodelación de la plaza y soportales
  • 1952- Grupo Escolar Gabriel y Galán
  • Biblioteca municipal
  • Casa de la Hermandad y Salón San Isidro
  • 1955- Casa del Trigo
  • 1956- Lavaderos de La Bomba
  • 1958- Grupo Escolar Calasancio y Casas de los maestros
  • 1960- Fallecimiento

ANEXO FOTOGRÁFICO

Parte de los edificios y objetos que le debemos a Lucio García

(haga clic sobre las fotos para abrir la presentación)


INFLUENCIA DE VALDEVERDEJA

Entre las obras públicas que levantó vemos a veces la influencia de su pueblo natal. El Corchuelo de Peraleda es una copia levemente mejorada del bebedero que hay a la salida de Valdeverdeja. Los soportales de la plaza y los poyos son una copia exacta de los de su pueblo, como se puede apreciar en las siguientes fotografías.


FOTOGRAFÍAS DE LUCIO GARCÍA

Aquí le vemos en diversas escenas tanto públicas como privadas. Sorprende las fotografías conservadas de su entierro. Recuerden que sólo se fotografía los entierros de los grandes personajes, y para Peraleda, su alcalde sin duda lo era.

8 comentarios en “8- Recordando a…… Lucio García

  1. Excelente articulo D. Eusebio
    Me ha gustado mucho por estar muy documentado.
    La lectura es amena por la riqueza en anecdotas y por la estructura.
    Brillante, gracias.
    J. Valverde

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  2. Como siempre, impecable e interesantísimo artículo, don Eusebio.
    Aparte de las anécdotas que usted cuenta, le relataré otra que da cuenta del carácter de este alcalde.
    D. Lucio se apellidaba García y García. Este apellido es muy habitual en España, pero no lo es tanto que sea por partida doble. Pues bien, siendo alcalde don Lucio nació en Peraleda un niño cuyos apellidos eran curiosamente los mismos: García García. Cuando la madre del recién nacido fue al ayuntamiento a inscribirle en el Registro Civil dio la causalidad de que el alcalde estaba allí y al preguntar a la madre por el nombre elegido para la criatura la buena mujer dijo: Xxxx (vamos a omitir su nombre por prudencia).
    D. Lucio le dijo que de ninguna manera, que el niño tenía que llamarse como él: Lucio (quizá al no haber tenido hijos le hiciera ilusión que alguien en el pueblo se llamase exactamente igual que él). La madre dijo que no, que ese nombre no le gustaba y que no le iba a llamar así y ambos iniciaron una discusión
    A tal punto llegó el debate, que la salomónica solución a la que llegaron fue que el crío llevase ambos nombres: primero el del alcalde y después el elegido por la madre.
    Esta persona sigue viviendo a día de hoy en Peraleda y, aunque nadie le conoce como Lucio, en su D.N.I. sigue llevando el recuerdo y el nombre de aquel recordado alcalde.
    Un afectuoso saludo de quién fue alumno suyo y a día de hoy sigue aprendiendo de usted.

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  3. Una cosa que me impresionó de niña (porque oí hablar mucho de Lucio Garcia siempre de forma positiva, de todo lo que había hecho en el pueblo) fué que realizo su monumento en el cementerio bien bonito pero que lo hizo deshacer muchas veces hasta que quedó como el quería que quedara) y salió perfecto.
    Gracias, saludos.

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