A vueltas con la moda: ¡A Cambiar calles toca!


Hace mucho tiempo, tanto que es casi un milagro que pueda acordarme, yo identificaba la palabra “MODA” solo con lo relativo a la manera de vestir. Si pasábamos del abrigo a la gabardina, de ésta a la trenca, de la maxifalda a la minifalda, del traje de baño al bikini, era culpa de la “MODA”. Más tarde cuando empecé a preocuparme por el mundo que me rodeaba, me di cuenta que la palabra “MODA” afectaba a más cosas que a la manera de vestir; en realidad afectaba a toda la vida social. Nada escapaba a la influencia de esta palabra “MODA”: la música, la medicina, la literatura, las relaciones sociales, todo quedaba sometido a la palabra “MODA”

En la música ora se imponía la música mejicana con sus rancheras, ora le tocaba el turno a las melosas melodías italianas, ora a la música inglesa etc.

En medicina se puso de moda purgar a los niños con “pulgas”, según llamábamos nosotros a los laxantes con nuestro acento local. Cada principio de primavera se “pulgaba” a los niños para limpiarles el intestino, que decían que era cosa muy buena, haciéndoles tragar esos remedios medicinales de sabores desagradables, tanto que las más de las veces había que coger al niño entre dos personas mayores y taparle la nariz para poder echarle en la boca el infernal líquido con sabor a rayos. Recuerdo aun la famosa pulga de Sal de Higuera, y aún siento al recordarlo el amargo sabor que dejaba. Claro que sí que limpiaba el intestino. Echábamos por arriba y por abajo lo no dicho. Gracias a Dios que pasó la MODA.

Siendo adolescente me tocó la moda de “el Hongo”. Consistía esta moda en que en un recipiente lleno de agua se ponía una especie determinada de hongo que se reproducía y el agua adquiría un raro color y sabor que la gente bebía porque, decían, era muy sano. Nunca lo tomé. Pero en casa de mis tías lo bebían todos. Se hizo tan popular que hasta había una canción que decía: “Viva el hongo, viva el hongo. Con el hongo me repongo”. Y todos los del hongo se creían por ello más sanos. Ahora la moda es beber mucha agua y correr o darse unas largas caminatas. No sabemos lo que durará esta “MODA”, pero también ésta pasará.

Nuestro comportamiento los unos con los otros también se veía influenciado por esa palabra. De saludar a una chica solo con palabras o como mucho un tímido y suave apretón de manos, se ha pasado a estamparle un par de besos, “uno por mejilla”, como dice Sabina.

Ni siquiera las costumbres religiosas, que se nos antojaban como inamovibles y eternas escapaban a esta palabra; “MODA”. Y así había épocas en que dábamos una importancia enorme a hacer los nueve primeros viernes de mes. Consistía esto en confesar y comulgar durante nueve meses el primer viernes de cada mes; epro debían ser seguidos. Si te dejabas uno atrás debías empezar de nuevo. Con ello decíamos que te asegurabas la salvación eterna. Y otra MODA fue el escapulario de la Virgen del Carmen. Si morías con él puesto, decían, también te asegurabas la salvación. El “rezar las flores” en el mes de mayo, también estuvo una temporada muy de MODA.

Viene esto a cuento de que se ha puesto de “MODA” el cambiar los nombres de todo: los parques, las calles, los cines, los pueblos, los hospitales, los colegios… y claro, hay que bailar al son que nos toca, que es el de la “ MODA”.

Hace unos días en televisión comentaban cómo nuestros políticos hacían de esto de cambiar los nombres una de sus primeras preocupaciones, olvidando de que llevaban en sus manos una porcelana valiosa, que era España, y que estaban a punto de dejársela caer y hacerla añicos. Esto no les preocupaba, sí y mucho el cambiar de nombre a un hospital. Al parecer el Gerente o Administrador del dicho hospital decía que esto importaba un gasto excesivo e inútil, cuando hacía falta dinero para otras cosas más necesarias. Hablaba de miles de euros, no sé por qué no de millones, que es la unidad que suelen manejar nuestros políticos.

La verdad es que a mí me pareció una exageración. Era imposible que cambiar el letrero de un nombre por otro costase tanto. Pero alguien con quién comenté esta noticia, hablando de la forma tan exagerada de hablar de nuestros políticos, me explicó que el cambiar de nombre cualquier cosa, calle, parque, instituto, u hospital llevaba aparejado un montón de cambios en otras cosas que sí valían dinero: sábanas en el caso del hospital en cuestión, talonarios de recetas, rótulos indicadores, sellos de caucho, planos de la ciudad etc, etc.

soldados en la Plaza de Peraleda

Siendo verdad lo que me decía mi interlocutor, apruebo el hecho de cambiar ciertos nombres. Sé que para muchos el tener que leer en el sobre que recibe de las facturas de la eléctrica

de turno, o lo que es peor, del ogro de Montoro, les supone un doble dolor, por una parte lo doloroso de la factura o requerimiento de Hacienda, y por otro el tener que leer en el nombre de la calle un nombre que para él lleva una carga de tragedia familiar en muchos casos y cuyo recuerdo le amarga el día. Por ello todo lo que haga un político para hacer la vida más agradable a sus ciudadanos me parece digno de elogio, aunque ello suponga el cambiar el nombre de las calles.

Claro, que vemos que en muchos casos no lo hacen para aliviar el mal recuerdo de algunos de sus conciudadanos si no para amargar a otros. ¿Qué sentido tiene que para olvidar la maldita Guerra quiten unos nombres que nos la recuerdan y lo sustituyan por otros que siguen recordándonosla? Si cambio el nombre de José Antonio Primo de Rivera por el de Dolores Ibárruri, por ejemplo, no he contribuido para nada en llevar la paz y la concordia a nuestros convecinos, cosa que muchos deseamos. Mi abuela diría que esto es desnudar a un santo para vestir a otro. No creo muy oportuno traer aquí a los santos, pero sí que lo es lo que mi abuela quería decir cuando echaba mano a este refrán.

En nuestro pueblo también entró la “MODA” de cambiar los nombres de las calles. Nuestros ediles quisieron hacernos olvidar de una vez por todas los recuerdos que algunos tenían aun de la llamada Guerra Civil y para ello cambiaron el nombre de algunas de nuestras calles. Claro que muchos de esos nombres los peraleos los habían olvidado hacía ya tiempo.

Comandante Castejón

Yo, que estudié en aquellos años en que era obligatoria una asignatura llamada Formación del Espíritu Nacional, no llegué a saber quién era el Comandante Castejón, que tenía en nuestro pueblo una calle con su nombre, en la cual estaba el transformador eléctrico, y por la que mi padre, que trabajaba en la compañía Hidroeléctrica de la Vera, se veía obligado a pasar al menos dos veces al día, una al atardecer para encender el alumbrado público y otra al amanecer para apagarlo, oficio que en más de una ocasión me encomendaba a mí, a pesar de mi poca edad.

Con el tiempo pude averiguar que el tal Castejón era el Comandante que mandaba la bandera de La Legión que tomó Peraleda y que la entrada en el pueblo lo hicieron por esa calle. Pocos son los peraleos que recordaban estos sucesos y muchos los que lo tenían olvidado, lo cual no es óbice para que no agradezcamos a nuestros concejales la intención que tenían de ayudarnos a olvidarlos.

Pasó desapercibido para la mayoría del pueblo estos cambios del callejero. Creo que solo se enteraron aquellos en los que en sus fachadas les colocaron los nuevos rótulos. Y esto es porque en los pueblos no tenemos necesidad de mirar los rótulos de las calles. El nombre de las calles nos la trae ………….(Dios mío, no nos dejes caer en la tentación de usar un vocabulario bajo, tan poco educado; para eso ya tenemos bastante con Pablo Iglesias). Si quiero ir a casa de mi amigo Meño, voy y ya está; si quiero ir a la peluquería, lo mismo, voy y ya está. ¿Para qué necesitamos los nombres de las calles si nos conocemos todos?

En la Plazuela del Cristo. Un pasado que ya se desdibuja

En nuestro pueblo solo nos sabemos el nombre de nuestra calle, y eso porque cada vez que recibimos la factura de Telefónica, o el aviso del Banco que nos recuerda que llevamos tres meses sin pagar la hipoteca, al leer el sobre para convencernos de que es para nosotros nos vemos obligado a leer el nombre de la calle. No crean que exagero.

Yo vivo en la Calle Peligros, cuyo nombre sé por lo anteriormente dicho. Mi casa hace esquina con otra calle. Cierto día al salir de casa vi que un señor que subía calle arriba (sí, subía, porque mi calle tiene una cuesta que si el que la sube es una persona mayor corre el peligro de morir asfixiado y si es un joven el que la baja en bici corre el peligro de quedar estampado en la esquina de abajo) y muy educadamente me pedía le indicase donde estaba la calle Guzmán el Bueno. Como no lo sabía, pregunté a una vecina que salía de su casa.

– ¿Dónde está la calle Guzmán el Bueno? Este señor pregunta por ella.
– No lo sé.
La contestación era de esperar. Pero hete aquí que alguien que pasaba por allí y nos oyó, dijo:
– Pero bueno, es que los maestros de este pueblo no saben leer. Vea el letrero que hay en su fachada.
Rodeé la esquina y allí estaba en mi misma pared el rótulo “Calle Guzmán el Bueno”.

Esquina de Guzmán el Bueno

Esta realidad es la causante de que no nos enteráramos del cambio de calles. Pero los ediles de nuestro pueblo sí supieron hacer muy bien el cambio. Y hemos de agradecérselo, Y yo aquí lo hago público y les felicito por ello. Veamos los cambios efectuados:

Avda. de Extremadura

Calle Comandante Castejón pasó a ser Calle Miramontes. Miramontes nos hace recordar a todos aquellos peraleos, los miramonteros les llamábamos, que trabajaban en la dehesa del mismo nombre que nuestro Ayuntamiento tiene en el término de Talayuela.

Calle 18 de julio pasó a llamarse C/ de la Constitución, nombre que para nosotros significa tiempos nuevos que ponen fin aquellos que queremos olvidar.

Plaza Queipo de Llano. Igualmente pasó a ser Plaza de la Constitución. ¿Quisieron nuestros ediles resaltar la importancia que la Constitución tenía para la vida social y pacífica de todos los españoles al dedicarla una calle y una plaza?

C/ Alcázar se convirtió en C/ Torviscoso, nombre de un pueblo que terminó sin habitantes y cuyo término municipal pasó a ser incorporado al nuestro.

C/ Calvo Sotelo, pasa a denominarse Avda. de Guadalupe. ¿Habrá algún extremeño para el que el nombre de Guadalupe no le traiga a la memoria a su Virgencita?

Glorieta de Franco. Actualmente Plaza de los Caños, en recuerdo de la primera fuente (hoy no existe) que Colonización nos pusiera en el pueblo.

C/ General Franco, hoy Avda. de Extremadura, muy apropiado para un pueblo que pertenece a esta Comunidad Autónoma.

C/ General Mola pasa a llamarse C/ Valparaíso. Tal vez a algunos les traiga recuerdos parapsicólogicos esta calle. La niña de la Comunión, que según algunos merodea por las ruinas de este poblado cercano y ya desaparecido, va asociada al nombre de Valparaíso, pero esto más que miedo evocará en algunos una sonrisa.

C/ José Antonio Primo de Rivera. Se cambia este nombre por Évora la Carpetana, nombre sonoro y que a muchos nos retrotrae a nuestros tiempos de alumnos de Primaria en que en aquellas enciclopedias de Damaul Carles el Sistema Central se llamaba Cordillera Carpetovetónica. Nombre que nos llevaba a los albores de nuestra historia en que íberos, celtas vetones, vacceos y carpetanos pululaban por nuestra geografía.

Bien podrían Ayuntamientos de ciudades sonoras e importantes tomar ejemplo de nuestro Ayuntamiento, que aunque pequeño, en esto de buscar la concordia y el buen entendimiento entre sus vecinos les da papas a todos ellos.

Calle de Torviscoso

Sirva de agradecimiento estas líneas a aquellos concejales que tomaron parte en esta decisión tan justa.

Peraleda 30 de Marzo 2017
E. Castaño

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4 comentarios en “A vueltas con la moda: ¡A Cambiar calles toca!

  1. Mira por donde, acabo de descubrir el verdadero nombre y la utilidad de las famosas pastillas de Sal de Higuera (y no Sardiguera como siempre las oí nombrar). La verdad es que el tema médico-farmacéutico, incluyendo remedios, tratamientos y medicinas de antes, daría bastante juego para otro artículo.
    Como siempre, muchas gracias por ilustrarnos con su sapiencia, D. Eusebio.

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