La fiesta de las Candelas en Peraleda


El 2 de febrero es el día de la Virgen de la Candelaria, coloquialmente llamado Día de las Candelas, es decir, de las velas, porque desde tiempos romanos se hacía una procesión de velas. Peraleda, como otros muchos pueblos, trasladó hace unos años esta fiesta al primer domingo posterior a ese día; en consecuencia el pasado día 6 (de 2022) Peraleda celebró su fiesta con una asistencia mayor que en los dos últimos años, en los que el Covid impidió una celebración normal.

Las familias peraleas en este día acuden a la iglesia a presentar a la Virgen los niños nacidos en el último año, siendo normal que aquéllas residentes en otras ciudades acudan a su pueblo, a sus raíces, a cumplir con la tradición. Cada madre ofrecerá, a la par que a su hijo, una tarta que posteriormente se rifará y con lo recaudado se ayudará a financiar la parroquia.

Este año han sido 15 los niños presentados. La Virgen procesiona por la calle alrededor de la iglesia portando una vela encendida y llevando tras ella a los padres con sus niños y sus vistosas tartas, seguidos por todos los demás fieles acompañantes; los asistentes están muy pendientes de si la vela entra en la iglesia aún encendida o si en el pequeño trayecto se ha apagado, pues según los mayores, si no se ha apagado es señal de que el invierno termina y el buen tiempo se avecina.  Esto se resume en el dicho popular: «Si la Candelaria chora el invierno fora, si no chora, ni dentro ni fora“.

Los tiempos cambian y las costumbres se pierden. El peraleo emigrante que volviese al pueblo tras muchos años, vería que algo ha cambiado. En los tiempos de mi niñez, y hasta no hace muchos años, la Virgen cuando atravesaba el templo para salir en procesión y al regresar, recibía una espectacular lluvia de granos de trigo, cebada, centeno, garbanzos y hasta de habas, productos sembrados en aquellos tiempos en nuestros campos. Era una manera que tenían los peraleos de pedir la protección de la Virgen para sus cosechas ¡Cómo disfrutábamos los niños que acudíamos a misa ese día con los bolsillos llenos de trigo! (no faltaba alguno que maliciosamente tiraba bellotas, no a la Virgen, sino a los acompañantes).

A tenor de esta fiesta de las Candelas, que la Liturgia reconoce como la fiesta de la Purificación de la Virgen, ha venido a mi memoria cuando la Iglesia pedía a la mujer que acababa de dar a luz, que se purificara antes de entrar de nuevo en la iglesia. Recordamos lo que a este respecto dice el Levítico en el capítulo XII, versículos del 1 al 4: “El Señor dijo a Moisés: Habla en estos términos a los israelitas: Cuando una mujer quede embarazada y dé a luz un varón, será impura durante siete días, como lo es en el tiempo de su menstruación. Al octavo día será circuncidado el prepucio del niño, pero ella deberá continuar purificándose de su sangre durante treinta y tres días más. No tocará ningún objeto consagrado ni irá al Santuario, antes de concluir el tiempo de su purificación”.

Transcurrido ese tiempo había una ceremonia en la que la mujer quedaba purificada y recibida de nuevo en el templo: “Al concluir el período de su purificación, tanto por el hijo como por la hija, la madre presentará al sacerdote, a la entrada del Tabernáculo, un cordero de un año para ofrecer un holocausto, y un pichón de paloma.” (Levítico 12:6), pero a los pobres se les exigía menos: “Y si no dispone de recursos suficientes para adquirir un cordero, tomará dos torcazas o dos pichones, uno para el holocausto y otro para el sacrificio por el pecado. El sacerdote realizará el rito de expiación en favor de ella, y así quedará purificada.” (Levítico 12:8). Y esa sencilla ofrenda de dos pichones es la que vemos a María realizar en el templo para su purificación tras el nacimiento de Jesús en Lucas capítulo 2. Por tanto en la ceremonia no sólo se realizaba la purificación de la madre, también el ofrecimiento del hijo y la entrega de una ofrenda sustitutoria: “Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: ‘Todo varón primogénito será consagrado al Señor’. También tuvieron que ofrecer un sacrificio de un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor » (Lucas 2:22-24).

Esa purificación de María es la que celebramos y el ofrecimiento del niño es lo que reproducimos, sólo que en lugar de ofrecer por el niño dos pichones, aquí llevamos una tarta. En esos pasajes bíblicos vemos también la explicación de aquellas ceremonias que, siendo monaguillo, presencié muchas veces.

En esos tiempos era la madrina la que llevaba al niño a bautizar, acompañada de algún familiar femenino. Ni la madre, ni varón alguno asistía al bautizo. Pasado cierto tiempo la madre, acompañada de algún familiar, cogía al niño y se presentaba a la puerta de la iglesia. Su acompañante entraba y se dirigía al sacerdote diciéndole que en la puerta estaba Fulana que quería entrar a misa. Esta es la expresión que se utilizaba “entrar en misa”. Más de una vez estando yo en la sacristía y el cura confesando, entraba una mujer y me decía, “Cuando venga el cura dile que hay una a la puerta que quiere entrar a misa”. El sacerdote enterado, se ponía su sobrepelliz y la estola y yo cogía el acetre y salíamos a la puerta donde aguardaba la mujer con su niño en brazos. El Sacerdote recitaba el Salmo 23 “Domini est terra et plenitudo ejus orbis terrarum, et universi, qui habitant in eo.” (Del Señor es la tierra y cuanto en ella contiene; el mundo y sus habitantes). A continuación daba a la madre el extremo de la estola y cogida a ella entraba en el templo, mientras el Sacerdote decía: “Entra en el templo de Dios y adora al Hijo de Santa María Virgen que hizo concebir a tu hijo y así mismo entra y ponte de rodillas ante el altar y reza dando gracias a Dios por los beneficios que te ha dado.” Todo esto dicho en latín, con lo que está claro que, quitando al Cura, los demás no entendíamos nada.

Seguía el Sacerdote mascullando sus oraciones en latín en las que pedía a Dios que por los méritos del parto de María permitiera a su sierva acceder a su templo y vivir felizmente con su prole, y lo pedía por Cristo, Nuestro Señor. Terminada la oración, la aspergeaba con agua bendita haciendo una cruz (Deinde illam aspergit iterum aquam benedicta in modum crucis) diciendo: “La Paz y la bendición de Dios omnipotente Padre y del Hijo y del Espíritu Santo descienda sobre ti y permanezca siempre.” Terminada la ceremonia, la madre quedaba purificada y podía entrar en el templo libremente. El Concilio Vaticano II puso fin a esta ceremonia.

Cuentan que Juan XXIII, al convocar el Concilio manifestó que pretendía que entrara con él una brisa suave que renovara la Iglesia. Lo que no pensó, digo yo, es que lo que iba a entrar era un huracán que se llevó la sotana de los curas, el latín de la iglesia, los altares y la ceremonia que acabo de describir entre otras muchas cosas más.

Peraleda de la Mata, 7 de Febrero de 2022

Agradecimientos:
(por orden de aparición)
Fotos de M. Carmen Rufo Miguel: 1, 2, 7
Fotos de Alex Rufo: 3, 8

SI LA CANDELA CHORA…

Si la candela chora el invierno fora, y si non chora, ni dentro ni fora«.

No sabemos de qué parte de España o de qué profundidades de la historia procede este dicho que usamos aquí. “Chorar” significa “llorar”, y parece de procedencia o influencia asturleonesa, gallega o portuguesa, pero también lo encontramos a veces en el castellano antiguo.

Dolorosas vozes davan
las que de aquí partían,
unas donzellas choravan,
otras grand planto fazían.
(Garci Ferrández, c. 1385)

La interpretación peralea es que, si la vela aguanta encendida durante toda la procesión, resistiendo la llama la lluvia de cereales y el clima de la calle, eso significa que el invierno va a terminar y pronto empezará el buen tiempo; pero si durante la procesión se apaga la vela, porque la lluvia o el viento apagan la llama, entonces es que va a ser un invierno largo y todavía nos queda que aguantar. Esta interpretación debe venir (tal como me decían a mí de pequeño) de asociar “chorar” a “chorrear”. Cuando la vela está encendida, la cera se funde y chorrea, así que se interpreta que si la vela chora es que sigue encendida.

Está bien, al fin y al cabo es nuestra tradición y podemos interpretarla como nos dé la gana, pero en honor a la verdad hay que decir que en el resto de España la interpretación es justo la contraria. Nosotros pensamos que si ese día hace bueno (sin lluvia ni viento que apague la vela) entonces el invierno va a terminar. Pero como hemos dicho, “chorar” significa “llorar”, y en toda España ese llanto se interpreta como metáfora de la lluvia. “La Candela” no se refiere en los demás sitios a la vela (como aquí) sino al día de las Candelas, y en muchas versiones no dicen “candela” (=vela) sino “la Candelaria” (= el día de las Candelas). Por lo tanto el significado del refrán es que si el día de las Candelas llora (llueve) o al menos hace malo, el invierno ya está dando sus últimos coletazos, pero que si no llueve, si hace bueno, entonces nos queda invierno para rato.

 Al fin y al cabo en nuestro país apenas llueve en invierno, que es época de grandes anticiclones fríos. Las lluvias van llegando ya junto con la proximidad de la primavera. Como Peraleda es de inviernos cortos y en febrero suele empezar el tiempo a mejorar, es lógico que nosotros hayamos adaptado el refrán interpretándolo de modo que tenga sentido en nuestro clima, al igual que, como veremos ahora, otras zonas de España han creado versiones que se adaptan mejor al suyo.

Pues sí, resulta que este refrán, con variaciones, se dice en muchas zonas de España. En Galicia dicen: «Se a Candela rí, o inverno está por vir; se a Candela chora, o inverno está fora«, es decir, si el día de las Candelas ríe (hace buen tiempo), todavía nos queda invierno, pero si llora (llueve), el invierno ya se acaba. También lo vemos en algunas zonas donde dicen, en castellano moderno, «Cuando en la Candelaria luce el sol, se puede temer que el invierno aumente su rigor«.

En muchas partes de Andalucía tienen el refrán igual que nosotros: «Si la Candelaria chora, el invierno fora, y si no chora, ni dentro ni fora«. Muchos consideran que este antiguo refrán no es ni gallego ni asturleonés ni castellano sino «pervivencia de la antigua lengua romance andaluza», o más propiamente habría que decir “lengua mozárabe”, pues es así como se hablaba en toda la España bajo el dominio musulmán, no sólo en Andalucía, lo que explicaría también por qué encontramos este refrán por casi toda la península. En Talavera mismo quedó tras la Reconquista una muy numerosa comunidad mozárabe.

Veamos más versiones del refrán, este de alguna zona catalanoparlante: “Si la Candelera riu l’estiu es lluny, si la Candelera plora l’hivern es fora” (Si la Candelaria ríe el verano esta lejos, si la Candelaria llora el invierno se ha acabado). Muy parecida a la versión gallega. Esta otra versión catalana se parece más a la nuestra: “Si la Candelaria plora, la primavera flora, pero si no plora, ni flora ni plora”.

Seguimos viendo cómo «llorar» se refiere a la idea de llover y la idea de que con la lluvia llega el final del invierno y el anuncio de buenas cosechas. Pero también hay tierras escépticas y pesimistas que, tal vez por tener clima severo, no cree que tras las Candelas pueda pensarse siquiera en una mejoría del tiempo:

Que Candelaria plore, o que cante, invierno por detrás y por delante”.

La Candelaria plore, o deje de plorar, la mitad del invierno queda por pasar”.

Y si alguien, procedente de tierras más benignas, les reprochaba su incredulidad, ellos respondían con desparpajo: «A Candelera ha plorau, pero l’ivierno no s’h’acabau«. A cada uno lo suyo.

Los gallegos tienen fama de tibios y diplomáticos, de nunca mojarse en las discusiones. Hay un chiste que dice que le preguntan a un gallego centenario la razón de su longevidad, y el gallego responde que porque nunca discute con nadie. Su interlocutor le dice: “No hombre, no será por eso”, a lo que el gallego responde, «Pues tienes razón, no será por eso». Pues con las Candelas lo mismo, después de decir lo de que si la candela chora o no, si alguno de estos de tierras escépticas intenta contradecirles asegurando que el invierno va a ser largo siempre y otro de tierras benignas le contradice diciendo que el invierno se acaba, el gallego tiene también otro refrán muy diplomático para no discutir en estas ocasiones y dice: «Cuando a Candelaria chora, á mitá d’o inverno vai fora«. Solucionado, 50%, ni ‘pa ti ni ‘pa mí, fin de la discusión.

El caso es que conviene que el mes de febrero sea frío y lluvioso porque eso beneficiará a las futuras cosechas, por eso los asturianos dicen: «A mediaos de febreru, asómate al miraeru; si él ríe, tu llora y si él llora, tu ríe.» [A mediados de febrero, asómate al miradero, si él ríe, tú llora y si él llora, tú ríe]. Sigue usándose el verbo llorar como metáfora de la lluvia y reír como buen tiempo.

Tal vez la versión más extendida, en castellano antiguo, es “Si la Candelaria plora, ya está el invierno fora”, aunque hay que reconocer que nuestra versión suena mucho mejor.

Pero no se crean que este refrán es pura cosa de España, también en otros países dicen cosas parecidas, como este refrán italiano que dice: «Per la Santa Candelora se nevica o se plora dell’inverno sieamo fora; ma se è sole o solicello siamo sempre a mezzo inverno.» (Por las Santas Candelas si nieva o si llora del invierno estamos fuera, pero si hace sol o solete, estamos aún a mitad del invierno)

Como curiosidad, el mismo día de las Candelas, 2 de febrero, también los americanos y canadienses intentan averiguar si el invierno será o no largo, pero allí se llama el Día de la Marmota. Según la creencia, si al salir de su madriguera la marmota no ve su sombra por ser un día nublado, dejará la madriguera, lo cual significa que el invierno terminará pronto. Por el contrario, si la marmota «ve su sombra» por ser un día soleado, se meterá de nuevo en la madriguera, y ello significa que el invierno durará seis semanas más. Es decir, si ese día hace malo (porque está nublado, con lluvia o no), entonces el invierno se está acabando, que es lo mismo que decir “si la Candelaria chora…”. Algo tendrá ese día tan especial, algo tendrá.

Angel C.

Un comentario en “La fiesta de las Candelas en Peraleda

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